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sábado, 29 de noviembre de 2008

El palacio de Llano


El solar de Llano era el origen de la rama troncal de los Ceballos Neto y habría sido fundado en el siglo XIV por Juan Díaz de Ceballos el Neto (unos piensan que debe decirse Nieto y otros creen que se refiere al sobrenombre heredado por toda la dinastía como descendientes directos o puros). Esta casa tenía bajo su propiedad una ferrería y dos moli­nos en Las Presillas, así como varias presas y pozos salmoneros en el Pas.

Poco queda de aquellas construcciones que en el siglo XVII dieron lugar a un palacio, que es como aún hoy se denomina a la finca. Todavía se aprecia la planta baja y la primera altura de lo que fue la primitiva torre del siglo XIV, adosada a los actuales establos en que se ha convertido la finca. Se observa en la fachada sur la puerta prin­cipal en arco apuntado y en la oeste una puerta más estrecha y una pequeña ventana en arco apuntado. En la fachada oriental aparecen una ventana ojival y varias saeteras. Sería una torre de planta rectangular, de gruesos muros de mampostería con sillería en la fachada principal y en los esquinales y cercos de los vanos. Es posible que tuviese al menos tres plantas. A su fachada oeste se adosó un palacio barroco, hoy desapare­cido, y a continuación la capilla.

En 1714 estas casas pertenecían a D. Gaspar de Velasco y Zeballos y la ermita de San Fernando tenía como patrono al Concejo. Sus escudos fueron trasladados a Vargas y a Santillana. Es posible que a este palacio se refie­ra el informador de Madoz cuando a mediados del siglo XIX dice que existía en Las Presillas un palacio en ruinas perteneciente a la familia Tagle. Un escudo de madera de los Ceballos se conserva en la Casa de los Sánchez de Tagle, en Santillana del Mar.

Ermitas de Las Presillas


Los principales palacios del pueblo poseían capillas privadas. En el de los Ceballos de Llano, una dedicada a San Fernando y en el de la Busta, otra dedicada a San José. En la citada visi­ta realizada por el obispo de Burgos en 1709 se citan las ermitas de "San Lorenzo, Ntra. Sra. de los Remedios, San Fernando, Santa Marina, San Cristóbal cuyo patrón es el Concejo de dicho lugar, y San Benito".

La ermita de San Benito da nombre al barrio que domina la vega del Pas. Según la tra­dición aquí se ubicó un monasterio benedictino y a él corresponderían los cantorales que hasta hace unos treinta años aún se conservaban en el coro. Sin embargo, la documentación conocida no nos permite aseverar la existencia de dicho cenobio y sí la fundación de esta hermosa capilla de sillería, bajo el patronato de la familia Ceballos.

Fue construida hacia 1630 con el patro­cinio de don Juan de Ceballos Estrada y don Antonio de Velasco. De ahí el escudo de los Ceballos que campea en la clave de la bóveda. En su estructura de planta rectangular, con ábside cuadrado cubierto con bóveda de combados y nave de dos tramos, cubierta con armadura de madera, algo más alta y ancha que la cabecera. Sobresale la imponente torre de campanas, con pórtico inferior y tres alturas, con paramentos de sillería bien labrada, al igual que la fachada prin­cipal, orientada al sur, cuya portada principal en arco de medio punto, con columnas estriadas sobre alto basamento y capiteles corintios y pro­tegida por un alfiz decorado con búcaros, aún se refleja la influencia plateresca del siglo XVI.

En su interior destaca la imagen del santo titular San Benito de Nursia, el Cristo del presbiterio y la Inmaculada.

La ermita de San Lorenzo en el barrio de la Jilguera, fue edificada en el siglo XVII y es una sencilla y pequeña construcción constituida por un ábside cuadrado y un tramo de nave, con un pequeño pórtico de madera que defiende la entrada. El presbiterio se cubre con bóveda de crucería con nervios de refuerzo, precedida por un arco triunfal apuntado que hasta 1973 estuvo cerrado con una verja de tornos de madera de rancio sabor popular.

El retablo es de piedra, toscamente decorada con florones y se remata con un Cristo del mismo material. El resto de las imágenes son barrocas en madera policromada: el patrono San Lorenzo, San Antón y San Antonio de Padua.

La ermita de San Fernando edificada en el siglo XVII adosada al palacio de los Ceballos de Llano, que aún se conserva su estructura arqui­tectónica, de dos tramos -ábside y nave- con fachada de sillería muy austera. A principios del siglo XVIII se cita como anexa a las casas de D. Gaspar de Velasco y Zeballos y fundada por don Fernando Velasco, "con una capellanía de misa perpetua todos los días del año sobre un juro en la Villa de Madrid". En ella existía también una fundación social consistente en "un arca de mise­ricordia de setenta y cuatro zelemines de maíz, que fundó Juan Díaz Zeballos".

La ermita de San Cristóbal o capilla del Agudo, se cita en 1722 en un pleito de deslinde de términos entre Vargas y Las Presillas. Su cons­trucción era más antigua y apenas quedan sus restos esparcidos por la campa. En el Museo Diocesano de Santillana del Mar un capitel vege­tal, protogótico, que procede de sus ruinas y puede fecharse en el siglo XIII.

Existió otra ermita dedicada a Ntra. Sra. de los Remedios, que quizás dió nombre al barrio, y otra bajo la advocación de Santa Marina, cuya ubicación desconocemos.

viernes, 28 de noviembre de 2008

Iglesia de San Nicolás


La Iglesia de San Nicolás es el templo parroquial, situado en la vega del barrio de Abajo, camino de Zurita. Su origen se remonta a la época altomedieval, según se deduce del capi­tel conservado en el Museo de Prehistoria y Arqueología de Santander, que pertenecería a una iglesia prerrománica, del siglo IX. Muestra dos coronas de hojas de acanto (símbolo de la eterni­dad), de clara influencia asturiana.

El actual templo fue reedificado a mediados del siglo XVIII, sobre otra construcción de finales del siglo XIV. Dispone de una planta rectangular en la que se distribuyen longitudinal­mente el ábside cuadrado y la nave de cuatro tra­mos y un poco más ancha, a la que se adosan dos capillas laterales formando un falso crucero: la capilla del Rosario (quizás antigua capilla bautis­mal) y la sacristía. Todas las cubiertas son de cru­cería, la del presbiterio de terceletes, mientras que las de la nave son simples con nervios de refuerzo. La bóveda de la capilla del Rosario es de medio cañón, de grandes sillares, lo que hace pensar en su mayor antigüedad con respecto al resto de la fábrica. Precisamente, al realizarse obras de acondicionamiento del templo en 1986, se descubrió en su muro frontal una pintura mural que fue picada. En el momento de ser comunicado el hallazgo ya solamente se podían constatar algunos restos de la misma en su parte inferior, deduciéndose de ellos que se trataba de una cruz, rodeada de los símbolos de la Pasión: columna, flagelo, escalera, hisopo, esponja, lanza, túnica, dados y gallo. En la parte superior se apre­ciaba la cabeza del Salvador con los brazos abier­tos, rodeado del sol y las estrellas. Destaca el rebaje de los arcos fajones de cada tramo, lo que determina la poca altura del templo. A los pies se eleva la torre de sillería, de tres cuerpos.

Hasta el siglo XVIII perteneció al monasterio de San Martín de Elines (Valderre­dible), pasando luego a depender de la familia Ceballos, aunque también parece que tenía dere­chos sobre el diezmo el Monasterio de Monte Corbán. La parroquia de San Nicolás cobraba los diezmos de las iglesias de San Pedro de Vioño, Santa María de Monte y San Andrés de Penilla.

En el Inventario de 1729 se citan los altares de Nuestra Señora del Rosario, Nuestra Señora del Carmen, Altar de San Roque y Altar de San Sebastián. Tres cálices, uno donado por D. Francisco de Zeballos Estrada, de plata sobredo­rada y una cruz grande de plata, con astil de madera negra.



A ambos lados del presbiterio se encuentran dos lucillos en arco rebajado. El del lado de la epístola contiene un sarcófago en pie­dra de un personaje del linaje de los Ceballos, como se constata por el escudo que le cobija y la inscripción que recorre varios sillares del muro del evangelio: ESTA CAPILLA MANDÓ HACER EL HONRADO CABALLERO PEDRO DÍAZ DE ZEBA­LLOS EL NETO, VASALLO DEL REY E DOÑA MARÍA GUTIÉRREZ DE ESCALANTE SU MUJER, AÑO DE MCCCCLXXXIIII (1484). DEJÓ ANEXO A ELLA MEDIO TERCIO EN SAN PEDRO DE VIOÑO Y OTRO EN SANTA MARIA DEL MONTE Y UN SEXMO EN SAN ANDRÉS DE PENILLA Y PATRÓN AL SUCESO DE SU CASA DE ZEBALLOS NETO Y SIÉNDOLO D. FRANCISCO LUIS JOSEPH DE VELASCO ZEBALLOS, EL DE LA RUEDA Y NETO SE VOLVIÓ A HACER Y FABRICAR NUEVAMENTE DE PLANTA EN LOS AÑOS 1764, 65 Y 66"

Otras tres tapas de sepulcros de la misma época, siglos XIV y XV, se encontraban depositadas hasta hace algunos años a los pies de la torre y algunas se pueden contemplar en la rivera del cercano río, sirviendo de muro de con­tención de una finca.

Otro elemento a destacar es la ventana meridional del ábside, que al exterior se decora con una excelente labra barroca, de pilastras late­rales y frontón curvo partido.

No quedan apenas restos de la primiti­va decoración del templo que debió ser a base de retablos barrocos, algunos desaparecieron duran­te la guerra civil, luego sustituidos por horna­cinas neogóticas de madera en su color, desmon­tados tras la reforma de 1986. Parece que en 1856 se hizo el retablo o el altar mayor por "dos maestros italianos, un tal Blas y compañero", con dinero enviado desde Cádiz para adorno de la iglesia por D. Ramón Torre.


Sí se conserva el original retablo en pie­dra de la capilla entre contrafuertes del lado de la epístola, dedicada a la Virgen del Carmen y a San Cristóbal, con su decoración característica de flo­rones en la predela y la hornacina. La pila bautis­mal es troncocónica invertida y sin decoración, y la pila de agua bendita lleva flores y rostros humanos en su copa y sogueado en el borde. Ambas pertenecen a la misma época del templo.

Merecen reseñarse así mismo dos mue­bles del siglo XVII que adornan el presbiterio: un escaño con el escudo de los Ceballos sostenido por leones en el respaldo y un hermoso sitial o sillón frailero, con escudo de la misma familia.

Ambos se citan en la visita episcopal de 1709 y se encontraban en el presbiterio, orde­nándose que se pongan debajo del coro. La ocu­pación de espacios preferentes en el templo por parte de las familias nobles era muy corriente, pero desde el siglo XVIII se intenta relegar esta costumbre por parte de las autoridades eclesiás­ticas. En ocasiones se retiraban las tarimas y los bancos para la visita de inspección pero después se volvían a colocar.

Origen de Las Presillas

Según González Gutiérrez, el nombre de Las Presillas procede del participio pasivo de prender, del latín prehendere (coger, atrapar), concertado en género femenino con el sustanti­vo agua: la [agua] presa, "el agua atrapada”:

Respecto al pueblo de Las Presillas, está constatada en 1411 la existencia de una ferrería llamada "Las Presillas", situada en el desapareci­do lugar de Montoto, uno de los tres barrios que componían el lugar junto a Rebiella y Las Presiellas. Según el Becerro de las Behetrías, el primero era del rey, otro de Ruy González de Castañeda y otro de encartación. Por lo tanto, la construcción de una presa o pequeñas presas para desviar las aguas de los arroyos hacia la ferrería llamada "Las Presillas", que estaba situa­da en el lugar de Montoto, así como para hacer funcionar a los cuatro molinos de la zona, es lo que dio origen al barrio de su nombre que, al cabo del tiempo y desaparecido el principal de Montoto, originó el actual pueblo de Las Presillas.

martes, 25 de noviembre de 2008

Historia de Las Presillas


Según el Becerro de las Behetrías, catastro mandado realizar por Pedro I el Cruel, en 1352, el actual pueblo de Las Presillas estaba constituído por tres barrios: Montoto, Reviella y Las Presillas. El primero era del rey, otro de Ruy González de Castañeda y otro de encartación. Pagaban al rey servicios y monedas (martiniega). A los señores "dan cada año del solar de Ruy Gonzales por infurción (impuesto de acuerdo con los recursos de cada labrador) dos celemines de escanda a la medida de Cartes, lo otro del dicho lugar está por Gutier Díaz de Cevallos e danle cada labrador cada año que a monte un puerco por el de San Martín, tómales el señor por nuncio (impuesto cuando moría el dueño de la casa) un buey o una baca el que lo ha".

Medio siglo más tarde, en el Apeo de 1404, Las Presillas, que tenía tres solares de realengo y uno de Ruy González de Castañeda, ahora presenta cuatro solares trocados por el rey con el señoría de Castañeda. Se observa por tanto el inicio de la influencia de los Condes de Castañeda que no llegará a ser tan fuerte como en los demás pueblos del municipio por la pujanza de la Casa de los Ceballos.
Al menos desde el siglo XV había una ferrería propiedad de los Ceballos y cuatro molinos, dos en el arroyo del monte, uno en San Nicolás, con una rueda mancomunada. Quizás de la existencia de tantas presas pequeñas para hacer funcionar estos molinos y ferrería proceda el nombre del pueblo.

El modo de vida de sus habitantes sería similar al de los pueblos vecinos, con una economía de subsistencia basada en la agricultura tradicional de cereales y hortalizas, aunque también se cultivaba la vid, ya que existen noticias de que la Casa de los Ceballos el Neto, en 1589, comerciaba con vino.

Otra actividad peculiar de los vecinos de Las Presillas era la cerámica. Durante los siglos XVII y XVIII hubo alfareros que elaboraban y comerciaban una loza blanca para uso doméstico, conocida por Talavera del Pas: platos blancos del Pas, jarras, antamillas, jarros, fuentes, saleros...
También debieron ser importantes las ferias de ganado y mercados, que se ubicaban en la robleda de Rucarbos. Se vendían en tenderetes telas, cerámica, cintas y cosas venidas de fuera y quincallería.

En torno a 1850, Las Presillas tenía 80 casas ubicadas en los barrios de Abajo, Somasprilla, Tucial, San Benito, Rucarbos, Gancedo, La Helguera y Robía "distribuidos sin orden ni regularidad". Eran 76 vecinos, alrededor de 300 habitantes y había una escuela de primeras letras.

Las tierras, de mediana calidad eran fertilizadas por las aguas del arroyo San Benito y producían maíz, trigo, alubias, patatas, buena fruta y pastos. Existía así mismo "un palacio casi arruinado, propiedad de los Tagles y varias fuentes buenas y de abundante agua".

Los nombres de los parajes más representativos del pueblo son: San Benito, La Colar, La Capía, La Riaña, Rutín, Soito, Volante, la Jilguera, Los Remedios, La Brena, Rucarbos, Somasprilla, La Sierra, La Cruzada, Llosavía.